Regulación emocional en tiempos difíciles

Regulación emocional en tiempos difíciles

 

Desde hace unos meses se han vivido varios acontecimientos políticos y sociales de gran impacto en el país, como fue el atentado en Barcelona y el día 1-O, y se sigue viviendo un clima de tensión e incertidumbre que genera diferentes emociones en las personas, como pueden ser rabia, miedo, angustia, ansiedad o tristeza y desasosiego. Sobre esto escribió hace unos días mi compañero Esteve Planadecursach Soler, aquí el enlace http://www.quantumpsicologia.com/2017/10/08/efectes-psicologics-de-l1-o/
Si tenemos en cuenta que en la vida cotidiana en ocasiones es difícil mantener el equilibrio emocional por diferentes motivos.

Podemos entender que en tiempos de crisis social esto puede empeorar y convertirse en una situación de riesgo para la salud mental.

Así nos encontramos con sensaciones o emociones no adaptativas, es decir que pueden además de dificultar el bienestar de la propia persona llevarla a tener conductas reactivas, de impulso, que denotan una desproporción a la situación y que hacen difícil a su vez las interacciones personales.
Es por eso que en estos momentos es importante realizar un trabajo personal para mantener la regulación emocional.

Pero, ¿qué significa este concepto?

La regulación emocional que también se conoce como habilidad emocional se define como “la destreza de las personas y el proceso deliberado que requiere esfuerzo para atender y percibir los sentimientos de forma apropiada y precisa, la capacidad para asimilarlos y comprenderlos de manera adecuada y la destreza para regular y modificar nuestro estado de ánimo o el de los demás de manera voluntaria” (Mayer, Caruso & Salovey, 2000; Cabello, Fernández-Berrocal, Ruiz & Extremera, 2006; Eisenberg & Spinrad, 2004; Kooler, 2009) (Ribero-Marulanda & Vargas Gutiérrez, 2013, pp. 498).
Esto significa que para mantenerse en estado de calma o de regulación emocional se necesita de una participación activa por parte de la persona, es una habilidad que permite un ajuste o adaptación al contexto, y evita la reactividad cuando ésta no es necesaria.

¿Cómo saber si se está desregulado?

Cuando esto se sucede pueden aparecer los siguientes síntomas de hiperactivación: aumento de las sensaciones como tensión muscular, aceleración del pulso, temblores, respiración entrecortada, imágenes intrusivas, reactividad emocional, hipervigilancia, dificultades para razonar, elevación de la presión sanguínea, entre otras.
La desregulación también puede manifestarse con signos de hipoactivación como: ausencia relativa o entumecimiento de las emociones, reducción de los movimientos físicos, amnesia, confusión, déficit de atención y dificultad para pensar y para tomar decisiones. (Ogden, P. 2009)
Para quiénes tienen dificultades de regulación de modo habitual, las situaciones de crisis y/o de convulsión social pueden ser especialmente difíciles, en estos momentos las emociones se viven con mayor intensidad pudiendo llegar a generar desequilibrio interno y por tanto desregulación emocional. Cuando las emociones desadaptativas se instalan, la salud de la persona y sus relaciones interpersonales peligran. En estos estados disminuye la atención, la capacidad para razonar, la empatía y aumenta la reactividad emocional y pueden aumentar también emociones como rabia, tristeza, sensación de incertidumbre o ansiedad, u otros síntomas como insomnio, tensión muscular, dolores de cabeza, entre otros.

Parte del trabajo consciente para mantener la calma pasa por identificar las emociones, observarlas y decidir activamente si permanecer en ese estado

no sería adaptativo alimentar las emociones desagradables, mirar constantemente las noticias en los diferentes medios, hablar de la situación o pensar en todo aquello que genere malestar.

¿Qué hacer para mantener la regulación emocional?

• Identificar si las sensaciones corporales aumentan o disminuyen produciendo malestar.
• Atender a dichas sensaciones para poder modificarlas
• Tomar consciencia de los pensamientos, si son negativos o pesimistas
• Tomar distancia de la situación o temática que provoca malestar
• Focalizar la atención en una actividad agradable
• Poner en práctica recursos como respiraciones diafragmáticas, técnicas de relajación o ejercicio físico que ayude a conseguir un estado de calma
• Practicar Mindfulness o Atención plena

Bibliografía:
Gaggino,M.http://www.cienciapsicologica.org/pubs/notas/clinica/item/104-regulacion-emocional.
Ogden, P. Minton, K. Pain, Clare. El trauma y el cuerpo. Un modelo sensoriomotriz de psicoterapia. Ed. Desclée de Brouwer, 2009.

Laura López Galarza
Psicóloga sanitaria. Terapeuta EMDR